Noviembre de 2008
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Citas del día:
La primera obligación de la inteligencia es desconfiar de ella misma.
Stanislaw Jerzy Lec. Escritor polaco.
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Renacimiento
Iglesia
Parroquial de Santa Bárbara
Restauración finalizada en
el 2002
Construida
en piedra y ladrillo en el siglo XVI, expresa a la perfección
la transición entre el medievo y el Renacimiento. En ella
perviven las formas del gótico tardío junto a elementos
del nuevo lenguaje.
Se
trata de un edificio de planta de cruz latina, construido a base de
sillar, mampuesto y ladrillo. Consta de dos tramos, crucero y ábside.
Los dos tramos de los pies están cubiertos con bóvedas
estrelladas de terceletes y combados. En cuanto a los brazos del
crucero (s. XVIII) y el ábside son de bóveda de lunetos
y el cimborrio es esférico con dibujos en relieve y linterna.
La
nave está rematada con galería de arquillos de
ladrillo, a modo de las típicas galerías aragonesas, y
de alero de dentellones, trabajado igualmente en ladrillo.
En
el lado del evangelio y a los pies se encuentra el acceso principal y
está protegido por pórtico (s. XVIII) abierto con
bóveda de casquete esférico.
Respecto
a la torre, está construida toda ella de sillería y
consta de cuatro tramos y chapitel. Los tramos se encuentran
separados por molduras ejecutadas en piedra y terminadas en las
esquinas, en el tramo del campanario, en figuras talladas a modo de
gárgolas. El remate de la torre es en chapitel octogonal y
antepecho trabajado igualmente en piedra.
Joyero
Aprovechando
las obras de restauración de Iglesia Parroquial se adecuó
la llamada Sacristía Vieja para el acomodo de los objetos de
valor que dispone la parroquia.
La
colección abarca desde el siglo XIV hasta la década de
los 1980. Sin duda, las realizaciones correspondientes a los siglos
XVI, XVII, y XVIII forman, junto con las tablas góticas de San
Pedro y San Pablo, el grueso principal, imponiendo no sólo por
su antigüedad sino también por su calidad. Sin embargo,
no podemos obviar ciertos objetos del siglo XIX y comienzos del XX,
ejemplos de lenguajes modernistas, historicistas y eclécticos
a caballo entra ambas centurias.
Respecto
a las procedencias, hemos de señalar, precisamente, la
aportación fundamental debida al lugar de Castro y a su
antigua iglesia parroquial, de donde han llegado los mejores
elementos, incluido el actual retablo mayor.
El
Joyero, pese a su nombre, no se limita específicamente a un
muestrario de orfebrería. Forman parte del mismo, tanto en
exposición como en sus fondos, indumentarias litúrgicas,
mobiliario, libros e, incluso los restos de una cruz de término
esculpida en piedra.
Hay que destacar, por
último el enorme valor de alguna de las piezas, de las que
pasamos a describir las más importantes:
Jarra
de plata del siglo XVI y Plato del siglo XVII.
La
Jarra es la pieza más excepcional del conjunto de orfebrería
parroquial. Presenta un pie circular decorado con una banda
sobredorada de vástagos vegetales de ritmos circulares, flores
de lis y motivos geométrico formado por lacerías
entrecruzadas, todo ello dentro de lo que se denomina decoración
de cartucho. Un disco y una sección cilíndrica
moldurada marcan el nexo col el recipiente.
Su
base está adornada mediante seis vástagos flordelisados
en relieve y sobredorados, cada uno con un pequeño medallón
ovalado entre los pétalos del remate. En altura, encontramos
otras dos baldas decorativas o cartuchos, la superior junto al borde.
Los elementos vegetales y geométrico son similares a los
vistos en la base, asimismo incisos y sobredorados. El pico o boca
asemeja un mascarón de barco, acogiendo un rostro enmarcado
por cueros recortados, todo en relieve sobredorado.
Todo este
virtuosismo ornamental de raíz plenamente renacentista se
ultima en el asa, sinuosa y ligeramente avolutada. El dorso, donde
aparece la ornamentación, está sobredorado y luce
sendos rostros masculinos en los extremos, maduro y con bigote el
superior y más joven e histriónico el inferior.
La
jarra va asociada con un gran plato del siglo XVII con dos bandas
decoradas o cartuchos en plata sobredorada a base de vástagos
vegetales, que presentan injertos y acentuados ritmos circulares, y
óvalos, que acogen flores sencillas y de tamaño
apreciable. La primera de estas franjas se sitúa junto al
borde, del que aparece separada por una serie de molduras. La segunda
es convexa y rodea un círculo central, destinado a colocar la
jarra del siglo XVI para la que fue supuestamente encargada. Este
espacio central presenta el blasón de los donantes de la
pieza. Es un escudo cuarteado con oso y cadenas alrededor; oso
encadenado al cuello y cadena sobre él; creciente surmontano
por tres estrella y montado por otras dos; otros cuatro cuarteles con
dos calderos, dos lobos andantes y un caldero. Los lambrequines son
aletas y cueros recortados y el remate una cimera que mira hacia la
izquierda. Este plato, perteneciente a la familia de los Luna cuyo
escudo recrea, se relaciona con la estancia del Papa Luna en el
monasterio de San Victorián y en La Puebla de Roda.
Ambas
creaciones por sí solas, junto con las tablas
de San Pablo y San Pedro y el retablo
mayor
(ver edad media),
constituyen un importante legado patrimonial de La Puebla.
Además, ese mismo siglo XVI, se halla representado por
excelentes muestras de indumentaria litúrgica, en concreto un
juego de terno y capa pluvial con bordado de imaginería en
hilos de seda, oro y plata. Junto con el plato mencionado, la época
barroca de los siglos XVII y XVIII es la más fructífera
en cuanto a número de objetos, alguno de enorme interés
como otro plato y un acetre del seiscientos, una fuente bautismal del
setecientos y un nutrido grupo de copas sagradas de ambos siglos.
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